-La Plaza de España-I





La Plaza de España es el edificio de mayor envergadura de cuantos fueron construidos con motivo de la Exposición Iberoamericana, y lo es, también de los de ese siglo; pudiéndose comparar con aquellos otros que, desde el siglo XVI, jalonaron los extramuros de la ciudad, como el Hospital de la Sangre o la Fábrica de Tabacos.

Cuando Aníbal González desarrolló sus propios diseños para la Exposición, a partir del proyecto de 1910, empezará a enfatizar las dimensiones monumentales de sus edificios, respondiendo de esta forma al modelo habitual de las grandes exposiciones celebradas hasta el momento. No obstante la concepción de la idea del conjunto que constituiría la Plaza de España, estuvo en el autor desde el primer momento, siendo el resultado final de innumerables, modificaciones y ampliaciones durante el largo periodo de ejecución del proyecto inicial.

El 25 de mayo de 1912, el Comité Ejecutivo aprobó el plano presentado por Aníbal González para el emplazamiento de la Exposición Hispano Americana, en el que se apreciaba claramente tres núcleos diferenciados. Una gran plaza en forma oval en los terrenos de Tablada, conformada por los pabellones de Agricultura y Maquinaria; esta zona daría lugar con el correr de los años al Sector Sur de la Exposición. Un segundo núcleo denominado Plaza de Honor, ubicado en el antiguo Huerto de Mariana, y constituido por los pabellones de Arte Antiguo (mudéjar), Bellas Artes (museo Arqueológico) y de la Casa Real, quedaba vinculado al Parque de María Luisa como remate del mismo, a este conjunto sería denominado mas tarde como Plaza de América. Y por último el núcleo de la gran plaza del Stadium, instalado a continuación de la plaza de acceso al recinto, e inscrito entre el Parque de María Luisa y el Prado de San Sebastián. De estos tres conjuntos solo llego a feliz término el correspondiente a la Plaza de América.

Como norma habitual durante todo el proceso de construcción del Certamen, estos planos fueron modificados constantemente, así a los pocos meses fue cambiada la ubicación el Stadium, llevándolo a la “Huerta del Carmen” en el Sector Sur. El 16 de mayo de 1913, se toma la determinación de llamar Plaza de España, al espacio vacío que el cambio de ubicación del Stadium produce. Así el 31 de Julio de 1914, es aprobado el nuevo proyecto presentado por Aníbal González, embrión de lo que sería la Plaza de España, cuyo diseño sufriría multitud de alteraciones hasta su definitiva concepción.

El autor contempla su diseño como contra punto y complemento de la Plaza de América, no olvidando en ningún momento su primitiva idea de un espacio al aire libre para espectáculos próximo al casco urbano, y de fácil acceso, estableciendo su vinculación al parque como final de la avenida transversal del conjunto ajardinado, que partiendo del río conducía a este espacio, excluyéndolo de este modo del Prado al darle la espalda.
Plano de la Plaza de España de 1914, en el se aprecian los tres edificios provisionales y los dos pórticos de unión.

Aníbal González en su primera concepción del proyecto, establece sobre una superficie semielíptica, tres pabellones provisionales, el de Industrias Generales, el de Agricultura, y entre ambos el Palacio de Actos y Fiestas en su parte curva, enlazándolos entres sí por medio de dos pórticos o pérgolas de planta arqueada, con terrazas a distintas alturas para ser utilizadas por los espectadores. También dispuso de un canal o ría que lo circundaba y cortada en su centro para dar acceso desde el Parque, con ocho puentes que lo cruzaban y que servían de acceso desde la explanada central a un paseo elevado de 35 mts. de ancho.

El elemento fundamental del proyecto es la gran explanada semicircular de 170 X 100 mts. muy apropiada para cualquier tipo de espectáculos o grandes aglomeraciones humanas, situada cerca del acceso principal al recinto y próxima al casco urbano. Así el público asistente a las grandes concentraciones estaría alojado en las distintas terrazas contemplado como telón de fondo el arbolado del parque y el río Guadalquivir; abriendo España sus brazos como símbolo hacia el río y las repúblicas americanas.
Vista de la ría y las farolas de cerámica vidriada que serían suprimidas en 1946. Aún no se habían construido las torres.

En 1915, éste proyecto sufre nuevas modificaciones, entre ellas la Comisión decide, que uno de los edificios albergue la Facultad de Ciencias de la Universidad de Sevilla, lo que da lugar a que la construcción, que en un principio se concibiera como provisional, se le de carácter de permanente.

El Comité decide construir un edificio permanente en la parte curva del conjunto, ubicando en él la Escuela de Artes e Industrias Aplicadas. Este hecho produce como consecuencia el diseño definitivo de la Plaza que se realizará en 1918, bajo el nombre de “Proyecto de Universidad Obrera y Plaza de España”. En la Memoria del proyecto que el arquitecto elabora, en su primer punto establece claramente los dos objetivos primordiales; el primero es la construcción de un edificio central para Escuela de Artes y Oficios, y unas naves laterales destinadas a talleres de aprendizaje, y en segundo lugar que gracias a su disposición se podrá utilizar como Stadium, para la celebración de toda clase de espectáculos al aire libre (carreras, revistas, juegos deportivos, cabalgatas, etc). De este segundo objetivo se desprende como el autor, nunca dejó de tener a la vista un lugar para grandes acontecimientos, siendo precisamente en este marco incomparable donde tubo lugar la ceremonia de inauguración de la Exposición Iberoamericana en 1929.
Plano definitivo de la Plaza de 1918

El autor diferencia en el conjunto de los edificios cinco grupos:
1º.- La Escuela de Artes y Oficios destinada a la enseñanza, con aulas y dependencias complementarias, la sitúa en el edificio central, distribuyéndola en tres plantas, de honor, principal y segunda, alrededor de un patio principal porticado y otros cuatro de ventilación y luces. Con una superficie total de 5.056,91 m2 y una longitud de fachada de 79 metros.

Proyecta dos accesos a este edificio, uno desde la plaza, por su fachada principal cubierta por una galería al que se le añade una gran terraza volada que termina al borde de la ría, y otro posterior con acceso desde el Prado de San Sebastián, con arcadas, bajo las cuales transcurría el tren miniatura. En este edificio se incluye un pequeño teatro como recuerdo de sus orígenes como Palacio de Actos y Fiestas.




Cuatro imágenes durante la construcción de la Plaza de España

La Plaza de España una vez terminada, aún con la ornamentación cerámica original en la balaustrada interior.

2º.- Las naves situadas a izquierda y derecha del edificio central, para talleres de aprendizaje de distintos oficios, de 20 mts. de ancho por 15 de alto, con una superficie de 7.198 m2, poseen delante de la fachada principal una galería con una fenomenal columnata correspondiendo a cada arco una glorieta de una provincia española. Dispuestas para ofrecer una amplia variedad de aprendizajes.

3º.- En el centro de las naves situadas a ambos lados del edificio central, inscribe sendos edificios bajo los nombres de Puerta de Aragón y Navarra, que tienen un doble objetivo, el primero como acceso a las galerías y talleres, y para subir a las terrazas de las galerías, mediante escalinatas de grades dimensiones que aloja una fachada interior de tres ordenes arquitectónicos, que se extienden por todo el desarrollo de la plaza, y en segundo lugar como medio de comunicación y facilitar la unión con el Prado de San Sebastián y dar al conjunto una mayor esbeltez y proporcionalidad. También se complementa con pequeños talleres, laboratorios y servicios de uso público.
4º.- Los Museos Artístico e Industrial, en los extremos del conjunto, cuya finalidad es la de contener colecciones de objetos que sirvan como modelo para las diferentes enseñanzas de la Universidad Obrera. Estos edificios de planta rectangular se componen de dos pisos bajos y principal. Los objetos se expondrían en un espacio libre de 696 m2 casa uno.

5º.- Las Torres Norte y Sur y pórtico de entrada a la Plaza o unión con el Parque de María Luisa. Las torres se colocan en los extremos de la edificación, tienen fines decorativos como remate del mismo y funcional como contenedores de depósitos de agua y aplicaciones a la telegrafía sin hilos, reflectores luminosos, etc. La altura total es de 70 mts. y el acceso interior es por rampa y escalera en la parte superior.

Siguiendo con la memoria que Aníbal González redactó sobre el proyecto, dice que la explana central de forma semielíptica, tiene un diámetro de 186'38 mts. el lado mayor y 93 el menor, con una superficie de 14.668 m2. Unida a la Avd. de las Palmeras (Avd. Isabel la Católica), por una amplia entrada, siendo el rasante el mismo que el de las avenidas del Parque. La ría que no gustó a Forrestier, pero que mantuvo en su proyecto de expansión del Parque hasta la Plaza de España, la envolvía totalmente excepto en su parte central, que servía de acceso al Parque, tiene una anchura de 14,76 mts. y 513 mts. de longitud. Cuatro puentes, revestidos de cerámica, llamados de Castilla, León, Aragón y Navarra, comunicarían la parte central de la Plaza con el paseo para facilitar las condiciones visuales de público, algo más elevada de 25 mts. de ancho y 360 mts. de longitud y con algo de pendiente para los espectadores, que se comunicaban en sus extremos directamente con el Parque formándose así dos nuevos accesos.
Vista aérea de la Plaza de España, noviembre de 1930.

Todo el paseo estaría recorrido por 48 bancos adosados al muro, dispuesto en forma de “U” como si fueran palcos, cada uno de ellos dedicado a una provincia española, sin incluir a Sevilla. En su frente, y mediante retablo cerámico se representaría una escena histórica o de costumbres de la provincia; a ambos lados se situarían anaqueles de cerámica pintada donde se dispondrían de publicaciones, guías y planos referentes a la misma. El pavimento estaría constituido por el mapa provincial en azulejo, orlado por olambrilla con escudos de las poblaciones de la provincia. Mas adelante se trata con mayor detenimiento algunos de los bancos.
Paño cerámico de una de las glorieta correspondiente a Guipúzcoa

Para la ornamentación Aníbal González destaca por su importancia el ladrillo, que además de su fin constructivo, es utilizado para molduras y relieves tanto cortado como tallado, también especifica como base esencial de la ornamentación, e hierro forjado y repujado, la madera tallada y el mármol labrado, se constituyen en complementos decorativos del conjunto. Así como la cerámica de relieve vidriado, como los azulejos pintados y sus múltiples aplicaciones. Pero debido a la fragilidad del material, sufría continuas roturas que hizo necesaria continuas sustituciones de estos elementos ornamentales, por lo que ya en 1946, con el fin de dar una solución definitiva, se decide suprimir las farolas de cerámica vidriada y la sustitución de la balaustrada del interior de la ría, por otra similar de piedra natural. Evidentemente el problema no se resolvía y las restantes balaustradas seguían deteriorándose.


Toda la ornamentación ofrece un programa cultural y simbólico destinado a convertir la Plaza de España en la nueva seña de identidad de la Exposición.

La superficie edificada es de 18.731 m2 y la libre de 31.360 m2 y el total de conjunto de 50.091 m2, este enorme coloso de 170 X 100 mts. tiene un largo recorrido constructivo que se inicia agosto de 1914 para aminorar el paro obrero que padecía Sevilla y que culminaría en mayo de 1928.


Sobre los fundamentos artísticos en que Aníbal González se inspiró existen varias teorías. Así Víctor Pérez Escolano, recogiendo las palabras del autor en sus proyectos “Me he inspirado en el Renacimiento español. Claro está que modernizándolo, interpretándolo, según la idea fundamental, por decirlo así, que me ha servido de norma para cuanto he realizado en Sevilla....” mas tarde en 1924 en la memoria de la Torre Norte dice: “ .....el estilo es, naturalmente, el mismo que el de toda la edificación de la Plaza, osea, moderno, inspirado en el Barroco español y en los inimitables ejemplos existentes en Santiago de Galicia, Valencia, Zaragoza, Écija, etc.”. El autor en 1924, entiende por estilo moderno el inspirado en el Barroco español y no lo considera contradictorio con la inspiración en el Renacimiento español del Proyecto General del conjunto de la Plaza de España ya que esta sucesión de interpretaciones de renacimiento y barroco como moderno, no significa mas que el hecho de que los principios de historicismo nacionalistas están en pleno vigor desde principios de siglo, propiciado desde la cultura oficial y reflejado en la mayoría de la arquitectura española. Por otro lado Pérez Escolano, también advierte la influencia ejercida por Andrea Paladio en el proyecto, considerándolo una traición a la inspiración nacionalista.

Para Alberto Villar Movellan, que también reconoce la influencia del vicentino Paladio, como autor de numerosas villa vénetas de tres cuerpos con alas curvas y torres en los extremos, junto a edificaciones intermedias compensando la excesiva longitud de sus alas, sin embargo a diferencia del anterior remarca la influencia de otras inspiraciones netamente andaluzas o españolas, renacentistas o barrocas, lo que no supone una “traición” al esquema nacionalista del autor que aún utilizando temas de Paladio, estos pasan al manierismo que puede encontrarse en Andalucía en obras de Machuca, Herrera, etc. Así Villar Movellan enumera una serie de obras como inspiradoras de la Plaza de España, como el piso alto del Convento de San Clemente y las arcadas de la Plaza de Toros de la Maestranza de Sevilla, la portada del Alcázar de Toledo y la Torre del Reloj de Santiago de Compostela.
Escaleras del edificio central, actualmente Capitanía.

Las Torres se elevan desafiando la altura de la Giralda, estas fueron consideradas como “costosas, innecesarias y poco bellas” por la Academia de Bellas Artes de Santa Isabel de Hungría, simbolizando la arrogancia de los nuevos tiempos y sirven para demostrar al profesor Villar cómo el historicismo regionalista llegó a convertirse en “vanguardia” dentro del ambiente intelectual hispalense, alzando unas torres que rompían el paisaje urbano dominado por la Giralda.

Las torres se cimentaron en 1923, con un sistema de pilotes hincados, que luego se unen en la superficie por una gran losa de hormigón armado, la construcción del edificio se adjudicó en diciembre del siguiente año a la Compañía Vías y Riesgos de Zaragoza. Su composición es aterrazada a la manera de la Catedral Mezquita de Córdoba, y la forma de su cubo principal nos remite a la Torre del Reloj de Santiago; así mismo se aplican temas platerescos como el balcón de la Casa de los Muertos de Salamanca, pero cuidando en todo momento no traspasar el sutil límite que los regionalistas colocan siempre entre la inspiración y la copia.

Con esta estética basada en el peculiar concepto regionalista, Aníbal González, utiliza el ladrillo y la cerámica vidriadas como elementos fundamentales. El ladrillo lo talla como si de piedra se tratara, mas aún como madera, pues fueron los ebanistas los que se encargaron de labrar las cuidadosa ornamentaciones, ensalzando siempre el carácter esencial del obrero artista local, en su producción, como lo demuestra el texto redactado de su puño y letra junto a una fotografía personal

“Justo es reconocer que en Sevilla existen obreros en todo los oficios, sumamente hábiles e inteligentes y que si hasta ahora no han hecho trabajos para la Exposición, es sencillamente por que nunca se les ha presentado oportunidad para ello, pero que hacen y han hecho trabajos mucho mas difíciles y delicados de los que se necesitan para esta clase de edificaciones”.

Postales de la época con imágenes del patio principal del edificio central.

Para ello se utilizó un tipo de ladrillo con una cocción especial que permitía la talla sin grandes dificultades, así mismo las piezas traían una preforma de fábrica con gran semejanza con la talla ya terminada.

En efecto, con el ladrillo se incardina una tradición centenaria que madura en la arquitectura hispano-musulmana y que perdura en la sabiduría constructiva local desde el mudejarismo hasta el barroco, prolongándose en el regionalismo historicista al amparo de la Exposición Iberoamericana, plasmándose no solo en sus edificios sino en toda la arquitectura de la ciudad.

Las obras que se iniciaron en el mes de agosto de 1914, para aminorar el paro obrero que padecía Sevilla, como ya hemos mencionado anteriormente, fueron realizadas por contratas parciales, condicionadas por la escasa liquides del Comité. Las obras también se vieron muy afectadas por la difícil coyuntura social de la segunda década, quedando desiertos algunos concursos.  Las obras concluyeron en el mes de mayo de 1928.

Como ya se ha indicado en 1918 se inician los trabajos para la construcción de la Plaza de España, saliendo a concurso para su ejecución distintas obras, entre las empresas mas destacadas por las adjudicaciones se encontraba la Empresa General del Construcciones y Vigas y Riesgos, S.A., y otras muchas realizaron minuciosos trabajos decorativos, como las fábricas de cerámica “Los Remedios” de José Laffitte, Ramos Rejano, José Mensaque, Pedro Navia, Manuel García Montalvan, Alfarería Bernal, etc.

El trabajo de los artistas cerámicos era ingente, ya que fue necesario la confección de farolas, basamentos, balaustradas, escudos, guardillas estampadas, orlas en relieves, medallones, revestimientos cerámicos para los paramentos verticales y los mapas y respaldos de los bancos que las distintas provincias que bordean la ría.

Este grandioso trabajo en la fabricación de los objetos de cerámica vidriada, concluyó con la colocación de los distintos motivos en los respaldos de los bancos, para ello cada provincia elegía una serie de hechos históricos que identificaran a ésta. Una vez determinados estos, los pintores realizaban estos paneles de azulejos, siguiendo las directrices marcadas desde las ciudades que iban a representar. No obstante no siempre eran colocados estos, ya que ateniéndose a criterios de idoneidad, representación histórica o aportación a la unidad de España, el profesor Francisco Murillo Herrera, los rechazaba o modificaba e incluso se realizaban nuevos cuadros cerámicos.

El profesor Antonio Solís Burgos, tiene realizado un impresionante estudio sobre los distintos motivos que adornan los bancos y los modelos utilizados para su realización, en su tesis doctoral “La Plaza de España de la Exposición Iberoamericana de Sevilla” para todo aquel que quiera profundizar aún mas en el tema.

No obstante, y dado el carácter relevante que tiene en el aspecto decorativo, los bancos de cada provincia española, hemos tomado como fuente el trabajo realizado por Sonsoles Nieto “Los Laffitte, una familia de industriales ceramistas”, para analizar mas detalladamente los que correspondieron a la Fábrica de Cerámica Ntra. Sra. del Rocío de José Laffitte y son los de las provincias de Albacete, Ciudad Real, Madrid, Tarragona y Vizcaya.

Los pintores que intervinieron principalmente en la confección de los paneles cerámicos de estas provincias fueron Enrique Mármol Rodríguez y Manuel Cañas Martínez, ambos magníficos pintores ceramistas, que ya había trabajado con otras importantes fábricas como Mensaque o Santa Ana el primero, y en la decoración del interior del Pabellón Real, como se estudia en dicho apartado, el segundo. Pero además de estos pintores, también colaboraron Ángel Villaroel, Manuel Corrales y Francisco Pino Sayago.


Escena del respaldo de la provincia de Albacete.
La escena representada en el banco de la provincia de Albacete, es la Batalla de Almansa, fue realizada por Ángel Villarroel, que se inspiró con fidelidad en el cuadro encargado por Felipe V al pintor italiano Bonaventura Lligli y al topógrafo Filipo Palotta, y que tuvo lugar el 25 de abril de 1707, durante la Guerra de Sucesión Española, entre partidarios de Felipe V y del archiduque Carlos de Austria, y que significó, tras el triunfo de los primeros, el afianzamiento de los Borbones en España. Este frente ya estaba colocado en 1922, siendo sustituido antes de la inauguración de la Exposición, por otro pintado por Francisco Pino con igual temática.

Debido a su deterioro, este retablo ha sido sustituido dos veces por copias, la primera hace unas décadas, realizado por el pintor M. Borrego y el que en la actualidad se puede contemplar ejecutado por los ceramistas de la Escuela Taller de la Plaza de España, perdiendo en ambas ocasiones calidad pictórica.
Detalle del óleo pintado por Lligli.

Para el respaldo del banco de la provincia de Ciudad Real, fue elegido como motivo “El Quijote”, que si bien no representa ninguna escena concreta de la obra de Cervantes, nos trae a sus dos personajes principales Don Quijote y Sancho Panza en primer plan, tras ellos un paisaje netamente manchego con molinos en el horizonte. Este tipo de modelo fue muy popular, tanto en las ilustraciones de los libros, como en grabados y en la cerámica sevillana de aquella época. Completan la escena unos magníficos motivos ornamentales de inspiración clásica y en los extremos dos cartelas donde se aprecian monumentos de la provincia.



Escena principal del banco de Ciudad Real y detalle de las cartelas laterales.

La autoría de esta pieza es incierta, ya que a pesar de estar firmada con las letras MC entrelazadas, le había sido atribuida al pintor Enrique Mármol, si bien también pudiera ser de Manuel Cañas, ya que ambos pintores colaboraban conjuntamente en distintas obras, además de mantener una relación de amistad, y como expone Sonsoles Nieto en tu trabajo, estas iniciales pudieran tener doble lectura tanto MC como EM, en espera de reunir las pruebas necesarias, que corroboren esta autoría.


Escena del Dos de Mayo de 1808, del banco representativo de Madrid.
Panel pintado por Manuel Corrales, que fue rechazado.

La capital de España estuvo representada por los sucesos acaecidos el Dos de Mayo madrileño, con motivo de la Guerra de la Independencia. Para inspirarse se eligió el cuadro que el pintor valenciano Sorolla ejecutó y con el cual ganó la segunda medalla de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1884.

El lienzo representa la resistencia del pueblo madrileño, al mando del capitán Luis Daoíz, en el Parque de Artillería de Monteleón frente al asalto de las tropas napoleónicas. El herido capitán se aposta ante uno de los cañones e invita a los soldados franceses al ataque.

Al igual que lo ocurrido en el retablo de la provincia de Albacete, aquí también se realizaron dos paneles, el primero pintado por Manuel Corrales y que fue rechazado por la comisión, y en la actualidad en poder del Patrimonio del Estado, y el segundo, que es el que actualmente se contempla en la Plaza, y que si bien Sonsoles Nieto, dice no poseer reseña del pintor, en una de las volutas de la parte inferior, se ha encontrado la iniciales EM ó MC, por lo que pudiera ser de Manuel Cañas o Enrique Mármol.

La diferencia entre las dos composiciones además del estilo, estriba en pequeños detalles, ya que la escena es la misma, salvo la puerta del Cuartel, y un farol que no aparece en la rechazada y que si aparece tanto en la de Sorolla como en la colocada, dando un aspecto mas tenebroso a la escena. Otra diferencia fue la sustitución de los motivos laterales de la obra, en la de Corrales se puede apreciar dos bustos de personajes (posiblemente Daoíz y Velarde), y en el que se colocó definitivamente, estos fueron modificados por el Palacio Real y el Observatorio Astronómico.


 
Detalles de los motivos laterales y firma del autor.

Como se puede constatar era muy normal la sustitución de los paneles cerámicos si no cumplían las directrices aconsejadas por la comisión.

La Cena de Tarragona, escena representativa de dicha provincia.

La miniatura conocida como “Cena de Tarragona” perteneciente al Libre desl fets del rei Jacme I (Libro de los hechos del rey Jaime I) fue elegida para la representación de Tarragona. Es la primera de las denominadas cuatro grandes crónicas de la Corona de Aragón. Parece ser que la conquista de Mallorca (1229) impulsó su redacción. Jaime I murió en 1276 por lo que la obra debía de estar prácticamente acabada poco antes. No obstante, las copias que han llegado hasta nuestros días son posteriores (el manuscrito más antiguo conservado es de 1343 de un copista del monasterio de Poblet).
Miniatura del Libro de los hechos del rey Jaime I.


Detalle de monumentos de Tarragona en los laterales.

Al igual que los otros casos mencionados, este no fue el único proyecto que se realizó para representar a dicha provincia, ya que existe otro con temática totalmente distinta realizado en la fábrica de Ramos Rejano y realizado por el pintor Manuel Baena.

La autora de la obra que nos estamos refiriendo, dice de este panel “que los motivos vegetales que lo rodean son los de mayor viveza, frescura y libertad de todos los bancos de las provincias, también los de mas contrastados colores, variadas gradaciones y modernas armonías.”

Para representar a Vizcaya, se eligió una pintura mural de José Echenagusia que se encuentra en el Salón del Trono del Palacio Foral de Vizcaya y que se titula “La pacificación de los bandos” ó "Pacificación de Oñacinos y Gamboinos". En el año 1370 se entablan las feroces guerras de banderizos entre las dos grandes familias de Gamboa y Oñaz, luchaban entre sí. El Corregidor de Vizcaya Gonzalo Moros convocó a los jefes de ambos bandos en 1394 para que, bajo la sagrada sombra del Roble de Gernica, se jurasen mutuamente la paz que todos los vizcainos ansiaban y así acabar con las luchas fratricidas.
La Pacificación de los Bandos representativa del banco de Vizcaya.

El autor del retablo cerámico, supo plasmar con gran maestría los detalles del paisaje y personajes, resultando en su conjunto una obra de extraordinaria calidad pictórica. Como remate enmarca la composición una amplia bordadura, en forma de dosel en la parte superior, con dibujos renacentistas.
Mural pintado por José Echenagusia, que se encuentra en el Salón del Trono del Palacio Foral de Vizcaya.

Tanto en éste panel de Vizcaya como en el de Tarragona, nos encontramos con la misma duda a la hora de establecer su autoría, si bien fueron realizados en la misma fábrica de José Laffitte, y la firma aparece con la EM ó MC que ya se ha comentado y que habitualmente se ha identificado con Enrique Mármol Rodrigo, el estilo rico en matices pictóricos nos hace pensar que pudiera ser su autor Manuel Cañas Martínez.

Una amplia información sobre cada uno de los retablos de los bancos de las provincias españolas, lo podéis encontrar en la web RETABLOCERAMICO, con el siguiente enlace:
http://www.retabloceramico.net/nd0003.htm

El cálculo del coste de esta monumental obra fue muy problemático, Aníbal González no realizó un presupuesto realista, he iba introduciendo continuas modificaciones al mismo. Los estudios presupuestarios nunca pudieron determinar con antelación los costes económicos. Se llegó a emplear a mas de mil obreros, absorbiendo así la crisis de la mano de obra local y hasta comarcal.

De un informe de la Dirección de Obras, sobre el estado de la ejecución de las obras de la Plaza de España, se desprende que la dirección del arquitecto era viciada. Pero esta responsabilidad no es solo achacable a Aníbal González, bajo la dirección de Vicente Traver, los gastos siguieron desbordándose. El presupuesto previsto en 1914 fue de 628.500,70 pts., con el proyecto de la Universidad Obrera y Plaza de España, el presupuesto ascendía a 4.670.200 pts., sin embargo se puede calcular que el total de los gastos ascendió a 15.310.365 pts, si a dicha cantidad se le añade otros gastos adicionales como reposiciones y mantenimiento de última hora, esta cifra puede rebasar fácilmente los 17.000.000 pts. En cualquier caso impresiona constatar la cuantía minúscula, desde los precios actuales, para un edificio de tal envergadura.
Entrada al edificio central desde el interior de la plaza.

Entre los mes de mayo y julio de 1926, se produce la crisis final que obliga a Aníbal González a presentar su dimisión como arquitecto de la Exposición. El enfrentamiento entre el Comisario Cruz Conde y el arquitecto , se debía según Aníbal González, a las ingerencias en la adopción de decisiones que según este último eran de su competencia. Con tal decisión se impide la culminación de la obra por parte de su creador, y con su marcha se produce también la marcha de su ayudante Aurelio Gómez Millán, recayendo sobre Pedro Sánchez Núñez, la responsabilidad de la dirección de los pocos trabajos que quedaban.

En 1927, con Vicente Traver, como sucesor de Aníbal González, y en uso de sus facultades como Arquitecto Director introduce el desafortunado proyecto de la fuente central, destruyendo el carácter lúdico del conjunto. Para Traver lo importante no era el espacio vacío, que desvirtuó con su obra, si no los edificios que lo circundaban, favoreciendo la observación de los mismos y su rica ornamentación; pero ello significó que la obra pública mas importante realizada en la Sevilla contemporánea quedara convertida en una obra ornamental.

Con el paso del tiempo fue cambiando la funcionalidad del conjunto monumental que conocemos como Plaza de España, al principio Aníbal González lo proyecta en sustitución del Stadium, compuesto por tres pabellones efímeros, no olvidando nunca la idea de un gran recinto para espectáculos, próximo al casco urbano, después decidió que uno de los edificios fuera permanente y se dedicara a Facultad de Ciencias, y mas tarde que el resto de sus construcciones albergara la Universidad Obrera.

En 1927, y bajo proyecto de José Gómez Millán el Ministerio de Trabajo acondiciona la Torre Norte, para albergar en sus instalaciones, después de la exhibición, la Escuela Industrial. Por Orden de 11 de septiembre de 1936 el General Queipo de Llano, dispuso que se destinara todos los edificios para oficinas del Estado, uso que permanece en la actualidad con no pocos inconvenientes para adaptarlos a esta función.

Digamos por último, que sin embargo todo ello, hoy en día la Plaza de España es lugar de esparcimiento y reclamo turístico de primer orden. No habiendo sido apenas aprovechada la gran explanada central para espectáculos, en parte por el elemento extraño que supone el añadido de la fuente central de Traver.
Colegio Mayor Hispano Americano.
Curiosa vista aérea de la Plaza de España inundada en 1948.

Postal de la época con la vista de la Torre Norte reflejada en la ría.
La Torre Sur iluminada

Programa sobre la Plaza de España emitido en el espacio Sevilla Monumental de la cadena OndaLuz.


(FIN DE LA PRIMERA PARTE PLAZA DE ESPAÑA)


3 comentarios:

  1. Interesante articulo, felicidades por el trabajo.

    Saludos

    ResponderEliminar
  2. Magnifico trabajo de cotejo e investigación, con notable información sobre una época fundamental de Sevilla.

    Manolo García Fernández.

    ResponderEliminar
  3. Enhorabuena por su investigación. Realmente interesante.
    Irene

    ResponderEliminar