Pabellón del Aceite y Agricultura


                   Panorámica general del Pabellón del Aceite.
En el proyecto ganador que Aníbal González presentó en 1911, ya estaba incluido entre los ocho edificios provisionales de su idea general, el levantar en la Plaza de Honor, un Palacio de Agricultura junto al de Fomento, que según la memoria explicativa decía inspirarse en la portada del convento de Santa Paula de Sevilla, y que interiormente lo dividía en distintas secciones como Alimentación, Horticultura e Industrias Forestales.
No obstante le fue encargado el proyecto de este pabellón al arquitecto Juan Talavera y Heredia, a iniciativa de la Comisión de Agricultura como Pabellón de Agricultura, siendo aprobado un primer proyecto en julio de 1925 con un presupuesto de 800.000 pts. 

Proyecto de Aníbal González de 1911

Este primer proyecto representaba una vivienda aristocrática campesina con una fachada principal neobarroca, gran portada de columnas salomónicas, un par de torreones gemelos a los dos lados y abundante heráldica.
En octubre de ese mismo año, se decide cambiar la denominación del mismo, pasando a llamarse Pabellón de Aceite y Agricultura, empezando a conocerse entonces como Pabellón del Aceite.

Primer proyecto para Pabellón del Aceite de Juan Talavera.
Por tal motivo en 1926 su autor rediseña el proyecto y lo transforma en una hacienda de olivar, introduciendo en la ciudad la arquitectura blanca de una casa de campo.

El pabellón fue el iniciador de una larga serie de edificios enraizados en los esquemas rurales, desarrollados como residencias campestres. Su autor introduce dentro del casco urbano su visión de una arquitectura agrícola y sevillana, la versión de una hacienda de olivar pero interpretada con grandiosidad, inspirándose en las formas clásicas de los grandes caserÍos y lujosas haciendas de campo sevillana.

Aprobado este nuevo proyecto en julio de 1926, se presentaron al concurso cinco propuestas, siendo adjudicada la construcción a José Buiza y Fernández-Palacios por 431.302 pts., con el plazo de entrega de un año, no obstante en febrero de ese año hubo que probar un presupuesto adicional para la cimentación, así como continuas ampliaciones de plazo de entrega, debido en parte a ligeras ampliaciones del proyecto.

Estos continuos retrasos, obligaron a que en julio de 1928, se conceda nuevas moratorias, produciéndose la recepción el mismo sobre el mes de enero de 1929, ya que en esas fechas se habla de las instalaciones de las muestras. Estas dilaciones en los plazos y los incumplimientos reiterados del presupuesto provocan la sustitución de Juan Talavera el 4 de mayo de 1928, tomando las riendas del mismo la Dirección de Obras del Comité.
Fachada principal vista desde la Avd. de la Palmera.
Fue un gran acierto del autor el elegir este tipo de construcción de antiguas residencias campesinas, que supo unir con gusto exquisito en un mismo espacio dos ambientes diferenciados; por un lado la zona de la vivienda, con sus habitaciones y salones señoriales como se hacía en las lujosas haciendas; y por otro la casa de labor de las antiguas residencias campesinas, utilizando los patios como nexo de unión y distribución; el porticados con columna de mármol blanco para la residencia y el de pilastras para la zona de labor.

Vista aérea del pabellón. A la derecha la Avenida de la Palmera. A la izquierda la calle Páez de Rivera.

El edificio de morfología cambiante, eleva una airosa torre mirador típica de la arquitectura rural, sobre el conjunto de diversa volumetría, de cubiertas a dos aguas de teja árabe y azoteas, dándole cierto aspecto aristocrático.

Para su construcción se utilizaron muchos elementos provisionales, ya que no se quería elevar el presupuesto si se realizaba con materiales sólidos, un ejemplo de ello eran las torres no eran practicables así como muchos elementos falsos.

El Pabellón estuvo situado entre la Avenida Reina Victoria, actual de la Palmera, donde se encontraba su fachada principal, y de la Infanta Luisa en la actualidad calle Paéz de Rivera con una extensión de 3.232 m2 en una parcela de 3.756.

Sin pretenderlo la obra supuso un éxito extraordinario entre los regionalistas, constituyendo un verdadero manifiesto de la arquitectura blanca que hunde sus raíces en la tradición rural. Siendo los discípulos de Talavera, Romualdo Jiménez Carlés y sobre todo Antonio Delgado Roig, los propagadores de esta fórmula en chalet y fincas rusticas, que aunque empezó en la Segunda República, es después de la Guerra Civil cuando alcanza su mayor desarrollo debido a la importante labor constructiva, y ser esta una arquitectura económica que no necesita mano de obra especializada, llamándose “estilo andaluz” a la arquitectura blanca de ese periodo.

En la zona ajardinada que precedía a la fachada principal, se había instalado una artística cruz de hierro realizada por el artesano forjador sevillano José Ávila Ramírez, que se alzaba sobre un pedestal con un azulejo de la Virgen, y que de cuyo paradero hablaremos mas adelante, que recuerda a la de la cerrajería instalada en la Plaza de Santa Cruz del famoso barrio sevillano.

En la fachada se habían colocados granes cuadros cerámicos con las armas de Sevilla y el retablo de las Santas Patronas Santas Justa y Rufina; y los huecos abiertos en ella se adornan con artísticas rejas.
Cruz de forja que se encontraba en el jardín de acceso al pabellón.

A la derecha se abría una galería compuesta por cuatro arcos de medio punto sostenidos por columnas de mármol blanco y cubierta con cierre de madera. Sobre la puerta principal una airosa espadaña con campana en el hueco central rematada por tres jarrones cerámicos.

Imagen de la fachada principal.

La puerta principal del pabellón, daba acceso a un espacioso zaguán y tras este a un típico patio con galería en tres de sus lados de columnas de mármol blanco que sostenían arcos de medio punto; en el centro se encontraba una fuente de azulejos y en los ángulos se había dispuesto parterres con distintos tipos de plantas. Este patio correspondía a la zona residencial de la casa señorial, y de una de estas galerías se accedía a la planta superior, mediante una amplia escalera cuyas contrahuellas estaban adornadas con azulejos antiguos.

El patio de la zona residencial visto desde dos ángulos.
En las paredes de la escalera se habían pintado representaciones gráficas de las producciones olivareras del mundo mediante la representación de mujeres ataviadas con traje de sus respectivos países y tamaño proporcional a la producción de éste. Tanto en el zaguán como en la galería baja, se habían instalado gráficos con la producción olivarera y el precio de los aceites tanto de los países productores como de las regiones españolas en que se cultiva.

A ambos lados del zaguán, se encontraban dos amplios salones decorados con muebles netamente españoles, bargueños, mesas y sillones fraileros, armario y cómodas renacentistas, que le daban un aire de hacienda antigua con mobiliario del siglo de oro español, donde exponían sus productos conocidas empresas exportadoras de aceite de oliva y aceitunas aderezadas, cuyo mercado se extendía por todo el mundo.

El salón izquierdo, mediante arcadas sostenidas por columnas de mármol, se comunicaba directamente con un pequeño jardín cuyos arriates se cubrían de plantas y se había instalado una pequeña fuente de cerámica en el centro. Este jardincillo tenía salida al exterior mediante una artística reja de hierro.
Salón de los exportadores de aceite.

Vista del jardincillo y fachada al exterior de éste.
En este mismo piso bajo, se encontraban distintos salones dedicados a la exhibición de accesorios para la producción y comercialización del aceite y aceitunas, como los embalajes de hojalata y el litografiado de estos, así como capachos para el prensado, canastas de varetas y mimbre; en uno de ellos se pretendía mostrar la práctica del deshuesado y relleno de la aceituna y su embotellado, realizadas a la vista del público por operadores especializadas, a fin de dar una idea al detalle de estas interesantes preparaciones.

A continuación del patio de la casa señorial, se encontraba el patio de la casa de labor, comunicados por un amplio pasillo. De dimensiones algo mayores que el anterior, en él se había instalado un abrevadero y pozo con artístico herraje, circundándolo unas galerías sobre pilastras en tres de su cuatro lados, con arcos de medio punto en la planta baja y viga de madera vista en la alta. Una estrecha escalera en uno de los ángulos simulaba el acceso al granero de la casa, al fondo del patio se hallaba un molino aceitero tradicional completo, que era un molino de viga antiguo, llamado molino árabe, que incluía un caballo disecado. Se componía de un moledero de piedra una gran viga con un largo de 15 metros.

Al otro lado del patio y como contraste del anterior, se había instalado otro molino de extracción con las técnicas actuales, con motor diesel y compresores de piedra granítica y batidora de hierro, dos prensas hidráulicas, así como accesorios de producción y cadena de envasado, donado por la Casa Chico a la Cámara Oficial Agrícola de Sevilla y que serviría para dotar a la escuela de peritos agrónomos que se quería crear en este edificio, una vez terminase la Exposición, y que estuvieron en funcionamiento en la época de la cosecha.


Dos imágenes del patio de la casa de labor y publicidad del motor del molino de aceite.

En el piso principal, una vez accedido por la escalera del primer patio, se encontraba un gran Salón de Honor dedicado a reuniones y conferencias, que daba a la fachada principal del edificio. Se adornaba este lugar con bello artesonado y mobiliario severo de depurado gusto, y era el lugar de reunión del Comité de Propaganda y de la Asociación de Olivareros.

A continuación del Salón de Honor se ubicaron otros dos salones con las representaciones regionales olivareras de Cataluña, Valencia, Baleares, Aragón, Castilla la Vieja y Navarra, y en otro las de Extremadura, Andalucía Occidental y Oriental, La Mancha y Castilla La Nueva, decorado con artísticos muebles y reposteros con los escudos de las provincias y el de España en el centro. Cada uno de estos muestrarios regionales no están colocados en vitrinas, sino en muebles propios, como di de una casa particular se tratara, así se exhiben sobre bargueños, contadores o muebles antiguos.
Salón de Honor. 

Detalle de uno de los dos salones dedicados a las representaciones regionales, a la izquierda Andalucía Occidental y al fondo la Oriental.

Al otro lado de la escalera, también se instalaron salones para las representaciones de productores particulares en los que mostraban distintas muestras de los diferentes aceites, instrumentos para el tratamiento de las plantas y para su recolección y una magnífica cocina.

Entre los stand particulares mas reconocidos estaban el del marqués de Viana y el de Pedro Solís, presidente de la Asociación Olivarera de España y de su Comité de Propaganda. En otras dependencias se había dado cabida a la exhibición de los socios de grandes asociaciones, entre las que destacaba la del Sindicato Olivarero del Aljarafe, que en panoplias se muestran todos los instrumentos que se usan a mano para el tratamiento del olivo.

Todos estos salones, de exhibición colectiva, se habían decorado con zócalos, sobrepuertas, jambas de ventanas y frisos, con ramitas de olivos entrelazadas de forma artística, consiguiendo un acertado exorno.


Vista de dos salones de los productores olivareros.

En esta muestra se quería reivindicar la riqueza olivarera con un doble interés, por un lado mostrar el aceite como materia prima de consumo generalizado en el país, y por otro ser uno de los productos mas exportados, y que en gran medida servía para nivelar la balanza comercial de la nación.
Stand del Sindicato Olivarero del Aljarafe. 

Una vez clausurada la Muestra el pabellón quedo sin utilidad, salvándose del derribo. Por lo que durante los primeros meses de la Guerra Civil fue habilitado como taller de artificio por el Parque y Maestranza de Artillería, sufriendo un incendio intencionado el 28 de abril de 1937, provocando varias explosiones e incendios que dio lugar a la practica destrucción del edificio, salvo algunas dependencias por lo que hubo de ser derribado en su totalidad.

En este taller trabajaban unas ciento cincuenta mujeres voluntarias en dos turnos, colaborando en la fabricación de cartuchos para la Pirotecnia, además de personal técnico. El atentado produjo la muerte de catorce operarios entre hombres y mujeres, y cuarenta heridos de diversa consideración, entre ellos el autor del atentando con quemaduras gravísimas, que falleció en el Hospital de las Cinco Llagas después de pedir perdón. En el Cementerio de San Fernando una tumba colectiva recuerda estos hechos.

A pesar de la destrucción de este edificio, aún nos queda un vestigio de aquel pabellón, se trata de una hermosa cruz de cerrajería que se encontraba en la zona ajardinada de acceso al edificio.

Esta cruz de forja y su pedestal fueron trasladados el 3 de julio de 1937, a petición de los propios obreros, al atrio de acceso al Parque de Artillería en la calle Temprado, y aquí se mantuvo hasta el traslado del citado Parque, hacia 1955. Con posterioridad, el 12 de octubre de 1977, nuevamente fue erigida la cruz en su nuevo emplazamiento en el jardincillo de entrada de la antigua Pirotecnia en la calle Avión Cuatro Vientos.

Un nuevo traslado de esta Unidad militar en año 1996, para convertir el recinto en dependencias de la Universidad de Sevilla, hacen desmontar nuevamente la cruz, situándose actualmente en la Plaza de Armas del Acuartelamiento "Torreblanca" sede de la Agrupación de Apoyo Logístico 21.

Las instalaciones agrícolas, además del Pabellón del Aceite constaban de otros Pabellones generales inmediatos a éste, en los que estaban representadas algunas de las grandes industrias agrícolas, propiamente dichas y las derivadas de esta actividad
Fachada lateral del Pabellón del Aceite.

FUENTES
- La Exposición Iberoamericana a través de la prensa 1923-1929. Encarnación López Lemus.
- Sevilla en tiempos de la Exposición Iberoamericana. 1905 –1030 La ciudad del siglo XX. Nicolás Salas.
- Fondos de la Hemeroteca. Los Pabellones de la Exposición Iberoamericana. Alberto Villar Movellán.
- JUAN TALAVERA HEREDIA- Alberto Villar Movellán. ARTE HISPALENSE
- Arquitectura del Regionalismo en Sevilla 1900-1935. Alberto Villar Movellán.
- HISTORIA DE LA EXPOSICIÓN IBERO AMERICANA DE SEVILLA. Eduardo Rodríguez Bernal.
-UNA TRADICION MILITAR: La Cruz de la Maestranza de Artillería. ABC (Sevilla) 06/11/1979. pág. 9. CASCO ANTIGUO. Abel Infanzón.
- Guía Oficial. Exposición Iberoamericana 1929-1930.
- EL PABELLON DEL ACEITE DE OLIVA. Libro de Oro de la Exposición Iberoamericana 1929-1930.
-En el Palacio de Agricultura. Boletín Agrario. Cámara Agrícola Provincial de Córdoba. Nº 39 Mayo 1929.
- PALACIO DE AGRICULTURA. Revista LA EXPOSICION 24 de septiembre de 1911.
- El aceite en la Exposición Iberoamericana de Sevilla. EL PROGRESO AGRÍCOLA Y PECUARIO. Madrid 07 de agosto de 1929.
- La visita al cortijo de la Exposición Olivarera. La Correspondencia Militar. 12 de mayo de 1929.
-http://www.galeon.com/juliodominguez/2010b/paceite.html
-http://www.galeon.com/juliodominguez/2014/caceite.html

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