- Pabellón de Méjico



Cuando en 1912 las autoridades españolas ponen en conocimiento de las mejicanas, la intención de celebrar la Exposición Hispano Americana, el clima político de la nación azteca, envuelto aún en la revolución producida el año anterior, no era el mas apropiado; por lo que eludió cualquier tipo de compromiso hasta que el ambiente político y social se estabilizara.

Transcurridos unos años, el 21 de abril de 1925, el Ministro de Estado comunica, que Méjico había decido participar en el Certamen, ignorándose las gestiones llevadas a cabo para tal decisión, no obstante se tiene conocimiento de las protestas de la Cámara Oficial Española de Comercio en Méjico. Por no haberle sido confiada la propaganda, a pesar de haberlo solicitado en reiteradas ocasiones.

El gobierno de Plutarco Elías Calles vio la posibilidad de lavar la imagen que sobre Méjico se tenia como un país violento y caótico, y a la vez hacer promoción los productos y el arte mejicano, ganando prestigio en el concierto internacional como un país económicamente organizado y pacífico. Pero principalmente se vio en ella una “ocasión para explotar la curiosidad sobre la Revolución Mexicana y fomentar una opinión favorable hacia ella.”.
El edificio en construcción

En Pleno celebrado el 20 de julio de 1925, la Corporación Municipal Hispalense, concede una parcela para la edificación del pabellón representativo del país, desconociéndose la ubicación de la misma, la cual fue cambiada por la definitiva el 9 de octubre de 1926; la entrega de ésta se realizó de forma solemne el 12 de octubre del mismo año, firmándose las escrituras el 19 de octubre de 1928.


La mencionada parcela de 5.445 m2, se situaba en el extremo sur del Parque de María Luisa, lindando al norte con el vecino Pabellón del Brasil y al sur con la Avd. de Villa Eugenia, hoy Eritaña, originándose en su cruce con la Avd. de la Palmera, la Glorieta de Méjico.



Fue designada la Secretaría de Industria, Comercio y Trabajo, encabezada por Luis N. Morones, para que se hiciera cargo de todos los asuntos relacionados con ese evento. Para la edificación del pabellón representativo de su país, el gobierno mejicano, convoca tres concursos sucesivos, ganando en el último el denominado “ITZA” presentado por Manuel María Amábilis Domínguez. Este arquitecto natural de Mérida, capital de Yucatán, había cursado sus estudios en París, donde entabló amistad con los también yucatecos Leopoldo Tommasi López y Víctor Manuel Reyes, los cuales colaboraron en la ejecución del proyecto. El primero arquitecto, participó en los temas escultóricos y el segundo catedrático de Bellas Artes en lo referente al aspecto pictórico.

La primera propuesta del gobierno y en vista del corto presupuesto que inicialmente se había otorgado a la participación del país, se pensó en un pabellón efímero; aún así, la última convocatoria del concurso especificaba que fuera permanente.

Desde el punto de vista artístico el Pabellón de Méjico se adapta con justeza al programa de la Exposición, proyectando un edificio historicista, símbolo no solo de su arquitectura nacional, sino del trasfondo ideológico que sustentaba aquella república con la Madre Patria.
Fachada del pabellón estado actual

Amábilis como Aníbal González, es un regionalista converso, que sigue el historicismo maya-tolteca de las culturas precolombinas de su Yucatán natal. El proyecto se aleja del estilo colonial de la época y pretende sentar las bases del estilo nacional, fundamentándose en las edificaciones precolombinas de las civilizaciones mayas con influencias toltecas, conocidos como los griegos del continente americano.
Detalle del ático del edificio

La cultura maya abarca un periodo de tiempo que podemos determinar su inicio sobre el año 2.000 a.de C. y su desaparición como tal en el año 1697 de nuestra era. Provenientes del altiplano de la meseta central de Méjico, el pueblo tolteca se fusiona con el maya en la península del Yucatán, hacia el siglo XII, consiguiendo extenderse por toda la América Central, hasta Colombia. Establece la capital del imperio en Chichen-Itzá, donde se encuentran reunidas el mayor ejemplo de arte maya-tolteca en templos y edificios públicos.

Esta construcciones pétreas, se inspiran en las antiguas cabañas de sus antepasados, por lo que las fachadas las dividen en dos partes, la inferior lisa corresponde a los muros, mientras que en la superior proliferan los claros oscuros representativos del techo de paja de las cabañas.

Refiriéndonos mas concretamente al edificio que proyectara Amábilis para la Exposición Ibero Americana, podemos decir que utiliza los recursos formales procedentes de los estilos precolombinos de los monumentos de la cultura maya-tolteca, inspirándose directamente en los templos del grupo “Sayil”.
Detalle de la moldura que circunda todo el edificio

A comienzos de 1927, se inician las obras de construcción a cargo de los ingenieros hermanos Casso, concluyendose en agosto de 1928. La planta del edificio es de gran nitidez producto de una elaborada geometría, que combina el sistema ortogonal con el de cruz latina girada 45º, determinando en su interior piezas rectangulares y hexagonales. Consta de dos plantas y sótano, estimándose la superficie construida, incluido el sótano en unos 3.000 m2, rodeando el resto de la superficie de la parcela con jardines.

La distribución la realiza utilizando un gran patio central cubierto, como sala de lectura o salón de fiestas y conferencias, del que parten cuatro grandes salas rectangulares en forma de cruz, y en los ángulos de la misma, otros de menor entidad de forma hexagonal en las dos plantas nobles. Frente al vestíbulo, en una de las salas hexagonales instala una escalera de tres rampas que da acceso a la planta alta.

En la zona central de la azotea se levanta el ático, representado por una ancha corona con calados sueltos con vidrios de fuertes colores, sobre el que se eleva miradores, estos elementos representan el remate de las cabañas antes mencionadas. El acceso al ático y miradores se realizada a través de dos escaleras metálicas de caracol.

La construcción se realizó sobre muros de carga de hormigón en masa, con forjados de losas de hormigón armado y cimentación casi inexistente, sobre un terreno arcilloso que, según estudios técnicos realizados está clasificado como crítico, y que a ocasionado con el transcurso de los años daños en la estabilidad del edificio, que afectan a elementos estructurales.
Puerta principal con la representación de las serpientes Quetzalcoalt

Aún no siendo un alarde de construcción, el Pabellón de Méjico, es obra original fruto de la estrecha colaboración entres los tres artistas, consiguiendo representar la historia, el suelo y las gentes de aquel país, y mostrar a su ves los productos de sus fábricas, y de sus tierras, y desempeñar el papel de representación nacional; mediante un tratamiento muy especial de la decoración, sobre todo en lo que respecta a la pintura y la escultura, vehículos iconográficos que aluden a los orígenes de la su nacionalidad, sus constructores y usos mejicanos.

Dos estelas como las utilizadas por los toltecas emplazaban en sus templo, hoy desaparecidas, flanqueaban la fachada principal. En ellas aparecen bajo sendos sacerdotes toltecas las alegorías masculinas del trabajo y la espiritualidad como causa del progreso humano.


Las dos estelas desaparecidas de la fachada principal.

Elevada sobre una amplia escalinata, se encuentra la puerta principal flanqueada por dos columnas serpentiforme, mal llamadas emplumadas, símbolo del Dios del Fuego QUETZALCOALT según la denominación azteca, siendo signo de divinidad y no solo es utilizada en la fachada, sino en distintas partes del pabellón sobre todo en el mobiliario y la fuente de la fachada trasera. Sobre el dintel de ésta, el lema de la Universidad de Méjico “Por mi raza hablará el espíritu”.

El escudo nacional, rodeado por una aureola y motivos toltecas lo preside; coronando la fachada un tímpano con bajo relieves alegórico con cinco figuras unidas por guirnaldas, custodiado por dos estatuas que reproducen a los originales conocidos como “CHAC-MOL” que se encuentran en la antigua capital del imperio Chinche-Itzá y que los arqueólogos los denominan como dioses del agua o el primer hombre.
Detalle de la cabeza de la serpiente Quetzalcoalt

La decoración interior de del pabellón fue muy profusa, empleando para la pintura, la técnica del uso del temple liso directo con colores naranja, ocre, azul, rojo, verde y amarillo. Esta decoración manifestaba los sentimientos y pensamientos de la época “en mejicano”, por ello todos los motivos representados fueron históricos ó alegóricos. Los cromáticos colores que ornamentaban totalmente totalmente el interior del edificio en jambas, arcos, cuadro murales, bancos cerámicos, vidrieras, etc., corresponden a un amplio programa iconográfico de exaltación a la raza indígena, al mestizaje, al arte prehispánico y a la exuberante naturaleza mejicana.

Cuatro grandes arcos, hoy desaparecidos, se apoyaban en columnas recuerdo de la arquitectura tolteca. En las albanegas de los arcos del patio, se realizaron murales con temas alegóricos al pueblo, como los mineros, los agricultores, los yucatecos, los tehuanas, los alfareros, tejedores, vendedores de flores y los charros mejicanos de Chinaplana.
Detalle de la ornamentación pictórica del pabellón

Murales de las albanegas de los arcos con agricultores y mineros

Los relieves de las jambas de intensa policromía se decoraron con bajo relieves en los que se representaban personajes que conformaron el Méjico actual, aludiendo al mestizaje racial, a la derecha con una figura hispana, y a la izquierda una indígena, así existieron la de los guerreros, constructores, soldados, la fusión de la raza; también había escenas costumbristas, como la dedicada a los pescadores, sembradores indígenas, obreros y mujeres, todos con trajes típicos.

Detalle de alguna de las jambas, a la izquierda la de los sacerdotes, y a la derecha la de la fusión de la raza con Dña. Marina Malinche con su hijo frente a Hernán Cortés

La escalera de acceso al piso superior, se conforma con tres rampas, construidas con mármol rojo alicantino. La parte alta de la escalera, estuvo decorada con pinturas al óleo, en las cuales intervino el pintor Diego Mª. Rivera, con alegorías del primer hombre, coronado por el aguila mejicana y la primera mujer, de los cuales partían dos estelas con escenas de actividades rurales y urbanas propias del pais.
La escalera en su estado primitivo.

Pinturas murales con las que estaban decoradas la escalera de acceso a la planta superior.

Se labraron dos hornacinas en las paredes del arranque, para ser ocupadas por esculturas que representaban al guerrero español y al indígena azteca, que aún hoy se conservan.

Esculturas del indígena azteca y el guerrero español, en las hornacinas de la escalera

Las vidrieras que adornan el pabellón, también sirvieron como elementos propagandísticos, donde la naturaleza tintada con los colores propios de aquellas latitudes, se vieron enriquecida. Así en las vidrieras rectangulares y apaisadas de la planta baja se representó la vegetación con las cuatro plantas mas características del pais, como el plátano, la palmera, el papayo y el maíz. En la planta alta se ubicaron cuatro rectangulares y otras tantas circulares. Las primeras trataban sobre el trabajo, la industria y el comercio, la aviación y las fuerzas hidráulicas. En la de forma circular se plasmó la heráldica, el volcán Popocatepelt, Yucatán, el jarabe Tapatío y el Xochimilo. De todo ello, sobrevive solamente un vitral, situado en la montera de la hall central, que representa “El Escudo Nacional” con el águila posada sobre el nopal que surge de la laguna y agarra con su pico una serpiente.

Detalles de las vidrieras de la planta baja en su estado original

Vista General del patio central del pabellón, donde se pueden apreciar las vidrieras.

La decoración estaba cargada de mensajes nacionalistas, siguiendo las directrices del arquitecto, constituyendo un todo original, que por desgracia han desaparecido gran parte de los relieves en yeso, pinturas y vitrales que tuvo al momento de ser estrenado, lo que le ha hecho perder su lectura iconográfica, que no era otra que la de la reafirmación nacionalista, tal como lo manifestaban las “jambas históricas”, como las califica Amábilis: la de “los guerreros”, la de los “constructores”, la de los “sacerdotes” y “la jamba de la fusión de las razas”. En definitiva un conjunto loable; de ahí que fuera el pabellón extranjero mas premiado de la Exposición.

Dos ángulos del patio donde se pueden apreciar los distinto motivos icono-gráficos.

Planta alta. Motivos decorativos de la jambas, columnas y vidrieras. Estado actual después de la restauración

El pabellón tuvo también buenos trabajos de hierro forjado, de los que se conservan el de la puerta principal y el del balcón que rodea el piso alto del patio central, decorado con incensarios y estrellas de ocho puntas.

En el acceso trasero del edificio se encuentra la fuente que proyectó Amábilis y realizó Tommasi, “de purísimo estilo tolteca”. Se encuentra estructurada por un tazón sobre el cual se levanta un basamento que sirve de apoyo a cuatro columnas serpentiforme, similares a las de la portada, las cuales sostienen con la cola un segundo tazón que, al desbordarse, provocaba que el agua saliera por las fauces de las serpientes, las cuales hacían las veces de surtidores. Al centro del basamento se encuentra un vertedor “en forma de vasija tolteca” y todo el conjunto se encontraba policromado.

Otros dos aspectos de la planta alta, durante la exposición y en la actualidad.

Montera central con la vidriera del escudo de Méjico, durante la exposición y la actualmente recuperada

Escudo Nacional en yesería, concebido a manera de chimalli y flanqueado por dos serpientes que ascienden para llevar sus cabezas hasta las plumas simuladas del escudo. Y el nombre de México, también en yesería, ocupa la parte central.

El remate consiste en un cuerpo de líneas quebradas en cuyo centro se yerguen cinco figuras de yeso; las tres centrales (dos hombres y una mujer) están desnudas y portan en su cabeza penachos de plumas; en los extremos de la composición se encuentran dos mujeres: una vestida de tehuana y otra, con huipil yucateco, lleva sobre la cabeza una cesta con frutas; todas las figuras se encuentran enlazadas por medio de un festón de flores. Estos personajes simbolizan, según el arquitecto Amábilis, “la solidaridad de todas las clases sociales para el progreso de la Nación”.

Para flanquear el remate, Amábilis escogió dos figuras que reproducen a los originales de Chac-Mool .

Según el catálogo oficial seiscientos expositores particulares mostraron productos muy diversos, tales como objetos de piedra, pieles curtidas, producción textil, vinos, licores, perfumería, tabaco, café, productos alimenticios, plantas medicinales, etc. La prensa solo informa que había un gran contingente artístico y comercial. Sabemos que se proyectaba una película sobre la economía del país y sus monumentos arqueológicos así como una exposición de maquetas de edificios precolombinos que envió el Museo Nacional, así como dos salones con muestras de bellas artes y una exposición de gran industria en los sótanos. Antes de la clausura de Certamen se celebró la Semana en honor al país azteca del 16 al 22 de junio de 1930.

Con motivo de la Exposición se editó un libro titulado “Exposición Ibero Americana. Palacio de México” y que contenía un repertorio fotográfico del pabellón, y otro titulado “El Pabellón de Méjico en la Exposición Ibero Americana de Sevilla” obra del arquitecto Amábilis que trataba sobre la arquitectura y estilo del edificio.




Exposición de productos mejicanos en distintas salas

Concluida la Exposición, el Estado Español acepta la donación que le hiciera el Mejicano, el 13 de diciembre de 1934, éste lo cede al Ayuntamiento sevillano para crear un centro de maternidad, según decreto de 24 de octubre de 1935, este proyecto no se materializa hasta 1940, que es cuando se acometen las obras de adaptación y consolidación del edificio para tal función.

Vista interior de diversas salas antes de la exposición

Desde la terminación de las obras, el edificio ha sufrido agresiones de todo tipo en su patrimonio artístico, además de las lógicas para adaptarlo para centro sanitario; así con las reformas posteriores desparecieron esculturas y pinturas decorativas.

Trasladado el Servicio de Maternidad al Equipo Quirúrgico Municipal, el edificio quedó sin uso, sirviendo como refugio provisional a familias desahuciadas; encargándose de su custodia la Policía Local ubicada en el vecino Pabellón del Brasil, que posteriormente lo utilizó como alojamiento de la Sección Canina y almacén, y la zona exterior para aparcamiento del personal que trabaja en las dependencias municipales.

Su abandono fue a mas hasta provocar a finales de los ochenta una actuación de urgencia para consolidar el inmueble, cuyos cimientos débiles habían sido reforzados para su utilización como centro de maternidad.

En el año 1997 se realizando trabajos de restauración del edificio dirigidos por el arquitecto Juan Manuel Rojo Laguillo, al objeto de albergar en el mismo el Vicerrectorado de Tercer Ciclo y enseñanzas propias de la Universidad Hispalense, contando con un presupuesto de 210.902.790 pts.

Naturalmente, algunos elementos no pudieron ser rescatados pero sí sustituidos. Es el caso de las ventanas que rodeaban el octágono central: al perderse para siempre los vitrales originales, se emplearon materiales modernos para reestablecer, al menos, los colores vivos originales. El piso fue sustituido por mármoles blancos y rojos. Y se han conservado las entradas de luz que tenía, no sólo a través de la montera central, sino de las que cubren las aulas situadas en la planta alta. Así mismo se ha actuado sobre la fachada, devolviéndole su color original, así como la recuperación de los jardines y fuente exterior. El pabellón, ya rescatado y restaurado, fue inaugurado o, mejor, reinaugurado el 24 de noviembre de 1998.
Fuente maya-tolteca, policromada, recientemente restaurada

La reina Victoria Eugenia en una visita al Pabellón

Detalle de la reja de la puerta principal

Relieve de las columnas del piso alto (desaparecidas)

LA FILMOTECA ESPAÑOLA HA EDITADO UNA OBRA TITULADA "LAS EXPOSICIONES DE 1929", EN LA QUE SE RECOGEN IMAGENES DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA DE SEVILLA Y LA INTERNACIONAL DE BARCELONA

ACONTINUACIÓN SE HA INSERTADO UNA RECOPILACION DE DISTINTOS CORTES RELACIONADOS CON ESTE PABELLON QUE APARECEN EN DICHA OBRA

FUENTES:

- EL PABELLON DE MÉJICO, José María Morales Hevia y José María Cabeza Méndez
Revista APAREJADORES núm. 19, Agosto 1986
- HISTORIA DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA DE SEVILLA DE 1929, Eduardo Rodríguez Bernal
- LOS PABELLONES DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA, Alberto Villar Movellan
La Exposición Iberoamericana “Fondos de la Hemeroteca Municipal”
- Pabellón de México en 1929 [Vídeo] : adaptación del Pabellón de México para sede del Tercer Ciclo, Amparo Graciani García
- EL RECINTO DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA, AREA URBANIZABLE, PABELLONES Y CONSERVACION, José María Cabeza Méndez
Andalucía y América en el Siglo XX, Actas de las VI Jornadas de Andalucía y América 1987
- GUIA DE LA EXPOSICION IBERO AMERICANA 1929-1930
- LA EXPOSICION IBEROAMERICANA “EL NOTICIERO SEVILLANO” 28 de Julio de 1929
- SEVILLA CIEN EDIFICIOS. Gillermo Vazquez Consuegra.
- RECUERDOS DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA 1929-30, Mayo-Junio 1992, Excmo. Ayuntamiento de Sevilla
- EL PABELLÓN DE MÉJICO PODRIA ABRIRSE COMO SEDE DEL TERCER CICLO EN EL CURSON 98/99, ABC -Sevilla- 13 de Julio de 1997
- El pabellón de México para la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929. “Su rescate y restauración” Martha Fernández