-Pabellón Real




                           Imagen del Pabellón Real.  (Fototeca de la Universidad de Sevilla)

El Pabellón Real, al igual que los pabellones de Bellas Artes e Industrias y Artes Decorativas, ya se encontraban presentes en el proyecto de emplazamiento para la Exposición que Aníbal González ganó en el concurso celebrado en 1911, situando el primero de ellos al fondo de la gran plaza de recepción que precedía al Gran Casino como entrada principal del recinto, y los otros dos uno junto al otro paralelos al Paseo de las Delicias, tras el estadio.


En la memoria de dicho anteproyecto estableció su autor que, el pabellón se destinaba a la exposición de objetos de la Real Casa, y su planta estaba formada por una cruz latina, en cuyo centro se inserta un cuerpo octogonal de lados irregulares, es decir un cuadrado achaflanado, de cuyos brazo serían las salas de exposiciones, comunicadas entre sí por una galería exterior.

El estilo adoptado para la composición de las fachadas era el gótico español de la época de los Reyes Católicos y su construcción no permanente con un presupuesto de 64.400 pts.

En 1912, al objeto de introducir algunas recomendaciones realizadas por la Real Academia de Bellas Artes, se modifica el primitivo plano de emplazamiento, apareciendo por primera vez la Plaza de Honor, como se le denominó en un principio a la que hoy conocemos como Plaza de América, en el espacio que ocupaba el estadio, que cambió de ubicación, situándose en su lado menor el Pabellón Real.

Otra de las sugerencias de la Academia de Bellas Artes era la de construir de forma permanente este edificio, a fin de dar al conjunto toda la monumentalidad y grandiosidad que la Plaza requería después de situar los otros dos pabellones el de Bellas Artes enfrentando al Mudéjar quedando constituida la plaza por tres edificios en sus tres lados y abierta al Paseo de las Delicias en el cuarto, donde Aníbal González ya tenía planeado la erección de un monumento a Cervantes y con ello a la lengua española como vehículo de unión de todos los países hispanoamericanos.

            
Plano general de emplazamiento del concurso ganado por Aníbal González en 1911. (revista La Exposición)

Boceto del Pabellón Real presentado por Aníbal González en 1911 para el concurso, que salvo pequeñas modificaciones fue el que se edificó. (revista La Exposición)

Perspectiva general del emplazamiento de pabellones de 1912, en el que aprecia por primera vez la situación de la plaza de Honor, futura Plaza de América. (revista La Exposición)

Con esta transformación en permanente aprobada por Comité Ejecutivo, también se quería de alguna manera rendir homenaje a la memoria de la Infanta María Luisa de Orleans por la cesión a la ciudad de la mayor parte de los jardines de su palacio, donde se construiría parte de la Exposición y a la Corona española por su decisiva intervención.

El proyecto del pabellón fue redactado por Aníbal González y Álvarez Ossorio en 1912, quedando desierto el primer concurso público, siendo adjudicado en la segunda convocatoria el 11 de Mayo de 1914, estableciéndose la fecha de terminación el 1º de Noviembre de 1915 con un coste final de 293.522,76 pts. Hemos de tener en cuenta, que en octubre de 1912, se retrasó la inauguración del certamen prevista para 1914 a 1915.

Si para el Pabellón de Bellas Artes su autor se había inspirado en el estilo renacentista español, y para el Pabellón de Manufacturas y Artes Decorativas (Mudéjar) se decantó por el tradicional arte mudéjar, para el Pabellón Real optó por el llamado gótico español, concibiéndolo como una cruz inscrita en una cuadrado al que secciona sus aristas, simbolizando el triunfo de la cristiandad sobre el Islán bajo la monarquía de los Reyes Católicos.

De ésta de forma se relacionaba el estilo arquitectónico gótico isabelino de finales de siglo XV, con la importancia que tuvieron aquellos años en la historia de España y su nueva identidad nacional.


  

Alzados de las fachadas principal y lateral. (revista La Exposición)


Sección general del pabellón y planta de techos. En la sección se puede apreciar el artesonado que contaba el salón central y el vestíbulo, la claraboya que se instaló en los otros salones. (revista La Exposición)

Este pabellón junto al Mudéjar y a la Plaza de España, son un canto al barro en todas sus posibilidades, labrando un pequeño cofre de ladrillo y cerámica vidriada, constituyendo el conjunto monumental de la plaza en una excelsa manifestación del historicismo que tanto anhelaba Aníbal González.

Aun siendo este edificio el de menores dimensiones de los construidos en la plaza, no por ello tiene menos importancia simbólica, presidiéndola como símbolo del destacado papel que los Reyes Católicos tuvieron en la historia de España y en el descubrimiento de América.

El edificio originalmente contaba de planta sótano y baja, y como ya se ha dicho, su planta es una cruz griega, cuyo espacio central lo ocupa un octógono en que los chaflanes de los ángulos son menores que el resto de sus lados, de los mayores parten cuatro alas rectangulares que junto al central conforman los espacios exposicionales. La volumetría del edificio está claramente marcada por los distintos niveles de altura, siendo los menores los formados por las galerías, algo más desarrollados los brazos de la cruz a los que se les añade una crestería que le proporciona mayor esbeltez, para culminar en el cimborrio formado por el cuerpo central que le da verticalidad y monumentalidad remarcada ésta por la bella crestería.

Los tres niveles de volumetría del edificio, galería, brazos de la cruz y cimborrio. (Archivo del autor)

 El propio Aníbal González en la memoria del proyecto dice haberse inspirado en ejemplos de la arquitectura española, en el llamado estilo Reyes Católicos, consistente en el gótico tardío que tuvo su mayor esplendor durante el reinado de los Reyes Católicos; teniendo los ejemplos más claros en la Capilla Real de Granada, Santo Tomás de Ávila y San Juan de los Reyes de Toledo

La decoración y diseño de las piezas de cerámica que exornan tan interesantemente el exterior del pabellón, fueron debidas al escultor Antonio Bidón Villar y al pintor Manuel de la Cuesta Ramos, que las realizaron entre 1914 y 1916, desconociéndose los talleres que llevaron a cabo estos trabajos cerámicos.

El elemento decorativo, es fundamentalmente el cerámico vidriado y el barro tallado, dispuesto en las cresterías, escudos y esculturas ornamentales exteriores en contraste con los lisos paramentos de ladrillo fino evocando claramente el estilo plateresco, pero “sevillanizándo” al sustituir la dura piedra de muros, tallas y esculturas, por el ladrillo tallado y la cerámica.

Fachada principal donde se aprecian la combinación de la cerámica y el ladrillo “sevillanizando” el estilo plateresco del pabellón.

 Es notable la semejanza de la crestería con la de la Capilla Real de Granada, utilizándose con profusión todos los elementos propios del gótico. Otro detalle digno de destacar es el magnífico escudo real en el frontón de la fachada, similar a los de San Juan de los Reyes y los imponentes maceros sobre pilastras que custodian la entrada, con tabardo blasonado con la heráldica de los reinos de Castilla y León.



Detalles de la delicada crestería que se asemeja a la de la Capilla Real de Granada,  y del escudo real en el frontón de la fachada (Archivo del autor)


 Macero con tabardo y composición los arcos y columnas que componen las galerías exteriores. (Archivo del autor)

Imagen desde el interior de la galería. (revista Bética)

Los cuerpos rectangulares se unían por medio de las galerías exteriores de aspecto claustral que estaban abiertas y servían de deambulatorio entre las distintas salas exposicionales. El autor se inspira para su decoración en la galería alta del patio de la Capilla Real de Granada, utilizando en cada una de ellas módulos de tres arcos rebajados con guarnición de bolas sobre columnas helicoidales surcadas con motivos geométricos y capiteles decorados con elementos vegetales en cerámica de color blanco con dibujos azules, al igual que el antepecho calado con filigranas ojivales y las basas de las columnas, en las que se pueden leer en carácter góticos “Edificio construido en el año MCMXIV para Pabellón Real”.

Otro elemento cerámico interesante, y de iguales características cromáticas que los anteriores, se sitúa sobre las galerías en la preciosista lacería gótica de los ventanales partidos por estilizado ajimez, con arcos dobles polilobulados, enmarcados por delgadas columnas helicoidales y baquetón superior decorado con bolas.

El acceso al edificio se encuentra precedido por un amplio espacio exterior elevado a modo de glorieta, delimitada en cada uno de sus ángulo, por cuatro bancos de ladrillo con respaldos de hierro forjado, que servían de basamentos a igual número de mástiles coronados por un águila, del que pendía un farol, todo ello también de hierro forjado. Completaban este espacio seis pedestales de ladrillo tallado con escenas y cenefa de estilo gótico, sobre los que descansan el mismo número de águilas en piedra artificial, ejecutadas por José Ordóñez Rodríguez en 1916, las cuales sostienen entre sus garras los escudos de otros estado de la Monarquía Española, como son: el Señorío de Vizcaya, el Reino de España, el Ducado de Borgoña y Toscana, el Señorío de Molina y el Reino de Jerusalén. Estas esculturas debido a su deterioro han sido sustituidas recientemente por unas copias de los originales.

Lacería gótica que coronan los ventanales. (Archivo del autor). 


Águila realizada por José Ordoñez y banco-basamento de una de las farolas de la glorieta de acceso. (Archivo del autor y revista Bética).

         
Una amplia escalinata de forma poligonal, sirve para salvar la diferencia del rasante y dar acceso al pórtico o puerta principal la cual carecía de batientes por lo que directamente se accedía al vestíbulo, pieza rectangular de 10 m de largo por 8 de ancho. Justo enfrentada a la puerta principal se encontraba el salón central y a derecha e izquierda existen los accesos a las galerías exteriores de comunicación.

En sus cuatro salones se evocaban por medio de cuadros cerámicos las etapas culminantes de las cuatro órdenes militares españolas de rancio abolengo, distribuidas de la siguiente forma; en el vestíbulo de entrada se encuentra representada la Orden Militar de Montesa, en el salón derecho la Orden de Calatrava, al fondo la de Santiago y por último en el de la izquierda la Orden Militar de Alcántara.

A este respecto merece una mención especial los pintores ceramistas que trabajaron en la decoración interior que fueron Gustavo Bacarisas, Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela, Manuel García Montalván, el Marqués de Benamejí y Manuel Cañas Martínez.
Artística cadena que servía como cierre del pabellón al carecer de puertas. (revista Bética)

Planta del Pabellón Real, y distribución interior donde se ha indicado la disposición de la Órdenes Militares en las distintas salas. 
       
En los paramentos de ambos lados del vestíbulo, nos encontramos con dos preciosos paños cerámicos ejecutados por Gustavo Bacarisas Podestá y operarios de la fábrica Los Remedios compuestos por azulejos planos pintados de 13,5 X 13,5 cm. con una altura de 2 m. aproximadamente, que representan escenas históricas de la Orden, a la izquierda y según se narra en la filacteria “En presencia de D. Jaime II de Aragón el Abad de Santas Cruces consagra a D. Guillen de Eril primer Maestre de la Orden de Montesa año de mil trescientos diez y nueve” y a la derecha “En el año de mil trescientos noventa y nueve reinando D. Martín I de Aragón se unió la Orden San Jorge de Alfama con la de Montesa. Eran Maestres frey D. Francisco Ripollés y frey D. Berenguer March”

Ambas escenas presentan gran número de personajes vestidos con túnicas, y capas ostentando las cruces características de ambas órdenes, se completan el resto de paramentos como una serie de guerreros y escudos relacionados con la Orden de Montesa, éstos zócalos, de mayor altura que el resto de los del pabellón, están pintados en vivos colores.

También es de destacar en este salón, el entallado de los ladrillos del arco de ingreso al salón central de los tallitas José Roldan y Francisco Reyes, el ancho friso de yesería realizado por Eduardo Muñoz de motivos góticos al igual que las ménsulas del artesonado. Del mismo modo sobresalen el esgrafiado de los paramentos y la pintura del artesonado plano ambas obras de Manuel Cañas Martínez, en el que se mezclan heráldica, con efigies de los Reyes Católicos y sus iniciales, así como elementos iconográficos góticos como la caza, la recolección y animales mitológicos. Este salón era junto al central no disponían de montera acristalada para la iluminación cenital de los mismos, conservándose el artesonado original.
Panel izquierdo que representa la fundación de la Orden de Montesa pintado por Gustavo Bacarisas. En la parte superior se puede apreciar el esgrafiado de las paredes realizado por Manuel Cañas.  (Fototeca de la Universidad de Sevilla)




Vista general del vestíbulo y acceso al salón central mediante una bella portada de ladrillo tallado por José Roldan y Francisco Reyes. Detalles de los paneles de cerámica que decoran las paredes pintados por Gustavo Bacarisas, entre ellos la escena de la derecha con la fusión de las Órdenes de Montesa y San Jorge de Alfama. (Fondos fotográficos de la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano)
  

Detalles del friso de yesería de Eduardo Muñoz y del artesonado pintado por Manuel Cañas. (Archivo del autor)

          
La sala de la derecha está decorada con un zócalos con cuadros cerámicos correspondientes a la Orden de Calatrava, pintados por Manuel Rodríguez y Pérez de Tudela en 1918, compuesto por azulejos de 13 X 13 cm. con una altura aproximada de un metro. En ellos se reproducen en gran formato escenas de momentos históricos de la Orden, como la donación en 1158 de la villa de Calatrava por Sancho III al Abad D. Raimundo de Fitero de la Orden del Cister para su defensa.

En otra escena se representa a Alfonso VIII arengando a las tropas antes de la batalla de las Navas, y en la siguiente los ejércitos cristianos y musulmanes en el campo de batalla de las Nava de Tolosa ocurrida el 16 de julio de 1212. Este hecho histórico fue fundamental para el afianzamiento definitivo de la Orden. Las escenas están pintadas en blanco y azul, sobre fondo amarillo, y las enmarcan una preciosa orla de motivos góticos en color tierra y blanco sobre fondo azul cobalto.

Se acompañan estas escenas, con otras de combates entre caballeros de esta Orden y guerreros musulmanes, también hay escudos con la cruz de Calatrava, y los treinta Maestres ordenado cronológicamente, junto a distintos reyes que dieron gran impulso a la misma.
  



Vista de un ángulo de la sala con la disposición de las distintas escenas de la historia de la Orde de Calatrava y composición de los paneles cerámicos por Manuel Rodríguez  y Pérez de Tudela. (Fondos fotográficos de la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano)

           
En el Salón de la izquierda, se encuentra representada los caballeros de la poderosa Orden de Alcántara, mediante diferentes escenas donde los caballeros aparecen montados a caballos en diversas actitudes. Estas escenas se sitúan en el campo rodeadas de árboles y vegetación sobre fondo amarillo, y enmarcadas por una cenefa de contorno mixtilíneo guarnecida por bolas y rodeado por una hojarasca de acanto de marcada inspiración gótica. Entre las distintas escenas, escudos heráldicos de las familias y de los Maestres que pertenecieron a la Orden sobre la Cruz de Alcántara

Estos paneles de azulejos de 13 X 13, con una altura de un metro aproximadamente, fueron pintados por Manuel García Montalván en 1917.
 

 
Diferentes detalles de los paneles cerámicos pintados por Manuel García Montalván para el salón dedicado a la Orden de Alcántara. (Fondos fotográficos de la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano)
          
El salón posterior está dedicado a la Orden de Santiago, y a través de una serie de retablos cerámicos de un metro de altura aproximadamente, se narra la historia de esta Orden, estos paneles fueron pintados por Manuel de la Lastra y Liendo, Marqués de Benamejí en 1917.

En ellos se describen la aparición de la Virgen a Santiago, la declaración como Santa la Peregrinación a la tumba del Apóstol, y la intersección de éste en la batalla de Clavijo así como la participación de sus caballeros en las batallas de Alarcos, las Navas y la conquista de las ciudades de Jerez, Córdoba y Sevilla. Las escenas están realizadas en tonos azules sobre fondo blanco y de forma panorámica ocupando cada una de ellas los paños de las paredes por completos. Se completan con una preciosa cenefa en la parte superior de tracería gótica y unas cartelas con el escudo de la Orden entre ángeles.



 Distintas escenas que narran hechos históricos de la Orden de Santiago, que fueron pintadas por el Marqués de Benamejí eb 1917. (Fondos fotográficos de la Asociación Amigos de la Cerámica Niculoso Pisano)

El salón central o sala del trono, como es recogido en algunos expedientes de reformas, tiene unas dimensiones en ambos ejes son de 14 m., y era la pieza más importante del edificio, no solo porque exteriormente con sus 15,60 m. de altura coronara la máxima elevación del mismo, sino que interiormente tenía la función primordial de ser el lugar de unión y distribución de los distintos espacios expositivos que lo rodeaban con acceso directo desde el vestíbulo, es por ello por lo que en esta sala se había cuidado más su decotación.

El techo se encontraba cubierto por un artesonado a cuatro aguas, muy alabado en su tiempo por ser una muestra del alarde de la carpintería artística local, cuyo diseño había realizado Aníbal González personalmente. Estaba formado este artesonado por ocho faldones acabados estos en un pequeño octógono con florón dorado central que constituía el almizate, lo conformaban lacería de estrellas de ocho puntas y enlaces rectangulares. Un ancho friso soportaba el artesonado, el cual se encontraba decorado con pinturas de escenas y escudos a modo de escenas.

La iluminación de este salón, a diferencia de los otros tres que eran cenitales, se obtenía de cuatro ventanales laterales doble, con columna central común ajimezadas y vidriera emplomada, que se sitúan en los cuatro lados menores del octógono, elevados al objeto de salvar la altura de las galerías exteriores.

Para los accesos al vestíbulo y a los otros tres salones expositores, fueron realizadas por los tallistas José Roldan y Francisco Reyes, cuatro portadas talladas en ladrillo de estilo gótico, tres de ellas caladas.

Los paramentos se encontraban decorados con unos magníficos zócalos de azulejos vidriados de unos dos metros de altura, que representaban en gran formato los escudos de los reinos de la monarquía española como los de Castilla, León, Granada, Dos Sicilia o Jerusalén ricamente ornamentados; en tamaño más reducido los de las capitales de provincias formando una cenefa en la parte superior, y en ambos lados de cada una de las puertas heraldos ataviados con los escudos de armas de los diferentes reinos históricos. Tanto estos paneles cerámicos como la extraordinaria policromía y dorados del artesonado y friso, fueron realizados por pintor Manuel Cañas Martínez en 1917.



                                            
                               
 Salón Central en el que se puede apreciar parcialmente la amplitud de éste, parte del artesonado que lo cubría, los zócalos de cerámica y la portada de comunicación con una de la salas laterales. (Fototeca de la Universidad de Sevilla) 

(Postales de la época)
  
Estado actual del Salón Central, con el hueco de luces abierto en uno de los ángulos.
(Archivo del autor)


 Imágenes de dos de los lienzos cerámicos que decoraban el zócalo del Salón Central del Pabellón Real pintados en 1917 por Manuel Cañas Martínez. 

           
De esta bella estancia nada queda, ya que debido a la falta de mantenimiento y no disponer de puertas, el edificio estuvo permanentemente abierto, por lo que el interior del mismo se encontraba muy deteriorado, principalmente el artesonado del cuerpo central hoy día desaparecido

En 1964 se realizaron obras de consolidación, habiéndose perdido el artesonado de esta sala así como las claraboyas de los techos de las salas laterales; y ante la necesidad de albergar algunos servicios municipales, se macizó el interior levantándose cuatro plantas en el cuerpo central, abriéndose en un ángulo un hueco de luces; en los otros tres salones y en las galerías se construyeron plantas intermedias, siendo el vestíbulos el único espacio que se conserva prácticamente sin modificaciones.
  
Postal de la época donde se aprecia la entrada del Pabellón sin puertas.

          
Los objetos que se expusieron en este pabellón se centraban fundamentalmente, en los tesoros de la Casa Real, con las piezas más interesantes conservadas en las Reales Armería y Caballerizas y de la colección de tapices de la Corona; armas, porcelanas, marfiles y cuadros, procedentes de los Reales Sitios de Aranjuez y del Escorial raras veces expuestos, que se exhibían en seis salas.

Así en la Sala I destinada a la Real Armería, se exponían arneses ecuestres y de a pie de Carlos V, espadas y roelas como la del “Plus Ultra” y el arnés de guerra alemán llamado de Mulhberg. En una vitrina central, se mostraban manoplas góticas, borgoñotas, estribos, pistolas y adargas, entre ellas la de Felipe II realizada con plumas de diversas aves confeccionada por los indios Amantecas de Méjico y considerada como una de las piezas más importante de las existentes en los museos europeos.




Alguno de los objetos de la Real Armería que se expusieron como: Celada morrión. Al parecer representa la cabeza de Carlos V, con cabellera rizada dorada en relieve, ceñida por corona de laurel (1533).  La Rodela. Forma juego con la celada, en el centro y en relieve, cabeza de león, y fina orla con seis medallones y las columnas Hércules con el Plus Ultra. Y el arnés de fajas espesas. Perteneció a Carlos V, se acompaña de ocho piezas de cambio y refuerzo. Lleva tallado en la efigie de Ntra. Sra. en el pecho y de Sta. Bárbara en la  espalda (Catálogo del Pabellón Real)
          
En la Sala II se mostraban objetos de la Reales Caballerizas, como una magnífica carroza negra tallada, conocida como de “Doña Juana la Loca” del siglo XVII, silla de mano rococó con pinturas de Felipe V. En vitrinas se exhiben piezas bordadas en reposteros, dalmáticas, penachos y pistoleras de distintas épocas; varias sillas de montar como la regalada por el Sultán del imperio Otomano a Carlos III y cuatro maniquíes vestidos con traje del servicio de la Caballerizas Reales del siglo XVII. 


Adarga de Felipe II confeccionada por indios mejicanos.

Carroza del siglo XVII, conocida como de Dña. Juana la Loca. (Postal de la época)

           
La Sala III la ocupaban preferentemente los tapices, entre ellos los seis paños que narraban la historia de Escipión, o los nueve de Teseo, y en especial el incomparable dosel de Carlos V y Felipe II compuesto de tres piezas y tejido en sedas, plata oro y lana, en los que aparecen ricas pinturas flamencas. En el techo de este dosel, se presentaba a Dios Padre con el Espíritu Santo, en el vertical superior a Jesucristo en la cruz entre María y San Juan y al fondo un paisaje flamenco, era la pieza de más valor, y por último en el inferior se representaba a despedida de Jesús de las santas mujeres. Se completaba esta sala con los seis tapices llamados de la Fundación de Roma.

El resto del pabellón, lo componía tres pequeñas salas, con muebles, relojes y candelabros de bronce, arañas de cristal talladas de la época de Carlos IV, tapices de cartones de Goya y otros de estilo Luis XVI, y preciosas alfombras procedentes de los Reales Sitios.
Dosel de Carlos V siglo XVI.

Como complemento de esta exposición, la Casa Real instaló en los Reales Alcázares una exhibieron de tapices que ocupaban la capilla y los salones de Fiestas y de los Tapices del Palacio Gótico. En dicha muestra se encontraban los que representaban momentos de la Conquista de Túnez por el emperador Carlos V, copia de los originales del siglo XVI, encargados a la Real Fábrica de Tapices en 1740 por Felipe V debido al deterioro de estos, así como otros sobre los Pecados Capitales y de la serie de la Vida de la Virgen o paños de oro de principios del siglo XVI, estos últimos de gran valor. La entrada para admirar esta exposición tenía un importe de tres pesetas, y se abrió al público a finales del mes de mayo. Actualmente en el Salón de los Tapices del Alcázar sevillano, aún se pueden contemplar en el mismo lugar donde se expusieron en 1929, los tapices de la Conquista de Túnez.


Salón de los Tapices del Palacio Gótico del Alcázar de Sevilla, donde se mostraron la serie de la Conquista de Túnez por Carlos V. (Fototeca de la Universidad de Sevilla)

Uno de los tapices de la Conquista de Túnez que aún hoy día se puede contemplar en la misma sala del Alcázar sevillano.
           
El estado del edificio exteriormente es bastante bueno, en lo referente a la fábrica de ladrillo, siendo deplorable en lo que respecta a los elementos cerámicos tanto de la crestería, con problemas de estabilidad y desprendimientos, así como el acusado deterioro de los escudos y estatuas que necesitan una urgente restauración.

Entre 1978 y 1984 por cesión del Ayuntamiento, se ubicó la Junta de Andalucía y más tarde la Delegación Provincial de Educación. Pasado un tiempo, vuelven organismos municipales a ocupar el edificio, encontrándose hoy día la Delegación de Economía y Empleo y la Sede de la Bienal de Arte Flamenco.

Ha sufrido desastrosas modificaciones, a raíz de la adecuación en los años sesenta como oficina, entre ellas nos encontramos, la eliminación de las galerías, que mediante un cierre metálico cumplen la función de despachos, la colocación de sistemas de aire acondicionado, han destrozado paños de azulejos y celosías, sin su posterior recuperación e incluso se han perdido alguna basa de cerámica de las columnas de los balcones.

En julio de 2014, se firmó un acuerdo entre el Ayuntamiento de Sevilla y el coleccionista de arte Mariano Bellver para exponer su colección, conformada por más de trescientos lienzos, además de otras tantas piezas de escultura en madera y mármol, mobiliario y artes decorativas en el Pabellón Real, habiéndose redactado los proyectos para el acondicionamiento museístico y de intervención a fin de que recupere su estado original el edificio.

Con este centro artístico junto a los museos Arqueológico y de Artes y Costumbres Populares, convertirán este espacio de la plaza de América, en la plaza de los museos revitalizando este emblemático punto de interés turístico.






FUENTES

 - EL PABELLÓN DE LA CASA REAL. José Carlos Babiano Álvarez de los Corrales. Revista APAREJADORES nº 23
- EL CICERONE DE SEVILLA, MONUMENTOS Y BELLAS ARTES. Alejandro Guichot y Sierra
- HISTORIA DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA DE SEVILLA DE 1929. Eduardo Rodríguez Bernal
- LOS PABELLONES DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA, Alberto Villar Movellan. La Exposición Iberoamericana “Fondos de la Hemeroteca Municipal”
- EL RECINTO DE LA EXPOSICION IBEROAMERICANA, AREA URBANIZABLE, PABELLONES Y CONSERVACION, José María Cabeza Méndez. Andalucía y América en el Siglo XX, Actas de las VI Jornadas de Andalucía y América 1987
- GUIA DE LA EXPOSICION IBERO AMERICANA 1929-1930
- ARQUITECTURA DEL REGIONALISMO 1900-1935.- Alberto Villar Movellán.
- CATÁLOGO DEL PABELLÓN REAL
- La Colección de Tapices de la Corona de España, Notas sobre su formación y conservación.Concha Herrero Carretero. Arbor CLXIX, 665 (Mayo 2001), pp 163-192.
- La Exposición Iberoamericana en contexto. Ana Souto. Tesis presentada en la Universidad de Nottingham para el grado de Doctor en Filosofía. Mayo 2007
- La Exposición de tapices de la Casa Real española en el Alcázar Sevilla. El Noticiero Sevillano. 04 de mayo de 1929, pág. 8
- Por la Exposición. Revista La Exposición. 24 de septiembre de 1911, pág. s/n
-El Pabellón Real. Revista Bética. 15 de septiembre e 1916. pp. 39 a 42


3 comentarios:

  1. Es muy interesante el reportaje fotográfico

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  2. Me parece impresionante lo que estas haciendo. Si yo fuese alcalde de Sevilla, no dudes que te hecia un homenaje como te mereces.
    Un saludo
    Ignacio Pérez de Avilés
    blmoraleja@hotmail.com

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  3. alberto cañas02 marzo, 2014

    yo me adhiero a la propuesta de Ignacio Pérez de Avilés, pero que se puede esperar de los políticos de este País, ya lo sabemos corrupcióm miseria e ignorancia
    Espero que el tiempo haga justicia a la magna labor que estás haciendo
    Un abrazo

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